¿Por qué en Chile queremos tanto a Pearl Jam?
Crónica publicada en DeFrente, 16 de marzo de 2018 Santiago (no) es Seattle. Sus calles húmedas de amanecer, huelen a tabaco barato. Leñadoras para patear el frío dos cuadras más allá, donde las sopaipillas humean y alivian la angustia. Spotify dice que aquí Alice In Chains y Soundgarden podrían entonar el himno patrio. ¡Cuánta amargura! , comentarían los matinales, esa gente insufrible que no sufre de pelotuda y empastillada. Pero resulta que por Av. Brasil pasa Eddie Vedder , filmando para instagram el periplo hasta el Movistar Arena. De día, una versión pobre de las palmeras en Miami. De noche -la vieras, Eddie- pasarela de tristes treintones ebrios de cerveza artesanal y melancolías noventeras, con cenizas de Life y Yellow Led Better en cassettes rebobinados con bic azul, punta fina. Santiago (no) es Seattle. Ni hablar. Acá con suerte la lluvia pega fuerte en junio, ventisca norte con navegados de azúcar aceitos...