BORRADORES DE UNA PEDAGOGÍA EXISTENCIAL (A propósito de los 27 años de La Galeano)

 


Por Miguel Fauré Polloni 


Octubre de 1999. Terminaba el año, el siglo y el milenio. Un puñado de universitarios celebraban una victoria electoral. No más ni menos que eso. Pero en medio de los festejos, se borroneaba una idea: generar un paréntesis en el cotidiano. Una brecha entre los calendarios académicos y los políticos, una bocanada de aire fresco en medio del espacio revuelto de la Facultad. Otro tiempo y otro espacio. Unos muy otros. 


 Se trataba de pensar otra educación, sin ser ninguno de nosotros educadores. Se trataba de construir una pedagogía crítica, habiendo leído -unos más, otros menos- a unos pocos autores. Se trataba de hacer educación popular, pero no en los territorios como si siempre lo fue: haciendo de la universidad un territorio popular. Se trataba, se intentaba. Se asumía el riesgo de la incertidumbre. 


 Desde fuera, inclasificables. Mezcla de colectivo, movimiento, frente político, universidad popular, centro cultural... Y desde esa rareza, aprender desaprendiendo. No podíamos ser "militontos", subordinando el día a día a la búsqueda de un objetivo único: un cargo público, una revolución, un negocio. Desaprender todo eso en favor de que la experiencia fuera válida en sí misma. Un aquí y ahora pleno de sentido. Ser-en el-mundo. 


 No lo sabíamos entonces, porque los árboles impedían ver el bosque. Pero estábamos forjando una manera distinta de ser/hacer. Borradores de una pedagogía existencial. Cada clase, cada taller, cada fanzine, cada seminario, cada libro, cada lienzo: en sí mismos fueron un despliegue de potencia creativa. Un nodo lleno de dudas e intuiciones, sin la desesperación de la certeza... tal vez una: nadie nos arrebataría la libertad que nos daba experimentar de esa manera. No nos iban a impedir jugar. Y jugamos. 


 Cuando nos piden definir a la Galeano, la idea de "escuela" es común. Escuela en el sentido de germen, de espacio de iniciación. Nadie salía siendo el mismo después de ser galeano un rato. Saberes que trascendían lo ideológico se nos adherían al cuerpo. Formas de vivir que no habríamos podido conocer de otra manera. Una alegría distinta. Una alegría nueva. ¿Se puede ser feliz tratando de cambiar el mundo? Y, sí. 


 ¿Para que sirvió la Galeano? Para eso sirvió, para caminar.




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